CUIDADO CON METERSE A LAS DROGAS

CUIDADO CON METERSE A LAS DROGAS

La señal de que la dulce época llegaba a su final fue cuando ella, desesperada por su mutismo, empezó a escribir en papelitos, en carteles y hasta en las paredes…

Cuando Esmeralda empezó a quedarse sin voz los fines de semana, creí que había recibido una bendición porque todo en casa se volvió tranquilidad, sosiego, habíamos logrado una paz profunda y real, en nada parecida a esa tan esquiva con la que soñamos los colombianos, que creemos que la tenemos, que sentimos que nos llega, pero que siempre se nos escapa como el agua entre los dedos.

Aquí no era así, hubo perdón y olvido de todos los conflictos pasados, presentes y futuros pues, como es apenas lógico, si ella recordaba los problemas de antaño o soñaba con los del porvenir, pero no podía hablar, no había lugar a enfrentamientos ni a atentados, ni siquiera a una refriega.

Este feliz estado de cosas, sin embargo, no duró mucho tiempo. La señal de que la dulce época llegaba a su final fue cuando ella, desesperada por su mutismo, empezó a escribir en papelitos, en carteles y hasta en las paredes, todas las dolencias por las que estaba pasando. Fue, entonces, cuando decidimos volver al médico.

Habíamos ido, dos meses atrás, porque ella empezó a sentir dolor en una de sus manos. El doctor la examinó, la midió, la pesó, le tomó el pulso, la presión y el pelo. Luego de tan exhaustivos procedimientos le dijo que probablemente tenía artritis, además de presión alta y algo de estrés. Le recetó pastillas para la tensión, también para la felicidad (después supe que eran antidepresivos para combatir la fibromialgia) y otra para la artritis, que debía tomarse una vez a la semana.

Recordemos que a la primera cita ella llegó con apenas dolor en una de sus manos y, ahora, se quejaba de todo. El doctor siguió el mismo procedimiento y su conclusión fue aumentarle un poco las dosis. Cuando le dijimos que además se quedaba sin voz los fines de semana preguntó qué día tomaba la pastilla para la artritis. Al responderle que el viernes al almuerzo, el galeno sonrió y con tono de erudito dijo: ‘Ahí está, es que esa pastilla le produce reflujo y le afecta las cuerdas vocales por lo que no puede hablar por dos días, pero siga tomándola doctora, siga que eso le hace bien’

Salimos del consultorio y nos fuimos a tomar un cafecito. Le dije que, de ser ella, no me tomaría ni una pastilla más, le recordé que había ido al médico porque le dolía una mano y ya tenía problemas en todo el cuerpo. Esmeralda aceptó la sugerencia, dejó de tomar las pastillas, recuperó la voz por completo y quedó lista para ir a combatir por la paz si fuese menester.

Hay que tener mucho cuidado con las drogas. Philippe Even, profesor universitario y antiguo miembro de la comisión científica del Ministerio de Sanidad galo, asegura que el número de muertes anuales por los efectos secundarios de ciertos medicamentos ascendería a 18 mil solo en Francia. Dice, además, que “Un tercio de los medicamentos comercializados no tienen ningún efecto terapéutico. Otro tercio causa problemas secundarios al no ser bien tolerados por el paciente o se utilizan mal al prescribirlos a quienes no los necesitan. Finalmente, el otro 33% es la cantidad de fármacos realmente útiles para curar una enfermedad o algún problema de salud”.

El periodista y escritor español Miguel Jara, después de una minuciosa investigación sobre la corrupción de todo el sistema sanitario, encontró que más de 835 personas mueren en EE UU todos los días por estos efectos. (Algo así como el mismo número de muertes que si se estrellaran tres aviones cada día).

Cuenta Jara de un ejemplo concreto en España, el del Celebrex, de Pfizer, una ‘superaspirina’ que se puede comprar en cualquier farmacia con la misma composición que Vioxx, un medicamento que se retiró en septiembre de 2004 y que, según estudios de sus propios fabricantes, la farmacéutica Merck, habría matado a unas 250.000 personas en todo el mundo… ¡Tengan mucho cuidado con meterse a las drogas!

Bucaramanga, octubre 21 de 2017

Comments (7)

  1. Juan C. Rueda G.
    Oct 23, 2017 at 9:08 pm

    De acuerdo. No hay que meter nada de nada. Ojalá siempre podamos salvarnos de caer en ese túnel oscuro de la droga, de esta o de aquella, da igual. Peace and love es la mejor cura para todo.

  2. Arturo Amaya
    Oct 23, 2017 at 7:47 pm

    Excelente información.

  3. martisabelita
    Oct 22, 2017 at 4:51 pm

    Sí pero no manito . Si no se hubiese investigado sobre antibióticos , por ejemplo , para citar solo un renglón de la farmacopea , la población no hubiese sobrevivido entre tanta sífilis, tifoidea, tuberculosis, sepsis, neumonías etc etc . Y ni que decir de los anticonvulsivantes , de los antipsiocóticos … no podríamos vivir entre tanto loco suelto , y los fármacos para la hipertensión y para manejar la hipertrofia de próstata , por ejemplo . Asi que , “ni mucho ni muy poquito “

    • Jairo
      Oct 22, 2017 at 6:46 pm

      En ninguna parte se ha dicho que no se investigue sobre fármacos, el problema es que esa investigación no es independiente y está, en muchos casos, al servicio de grandes empresas que tienen por finalidad el lucro y no la salud.

      Es un hecho que en las farmacias existen medicamentos que pueden causar graves daños a la salud e incluso la muerte, y que muchos médicos e instituciones de salud lo saben y no pasa nada… o sí, si pasa, la gente sigue consumiéndolos y siguen empeorando en su salud e, incluso, muriendo.

      • Maria Paula Martinez
        Oct 25, 2017 at 12:12 pm

        Vale la pena presentar ambas caras de la moneda.

        • Jairo
          Oct 25, 2017 at 3:55 pm

          ¡Claro que sí! Si tú o cualquier médico o experto, en lo que tiene que ver con la farmacología y sus prácticas científicas y comerciales, quieren debatir lo dicho en este artículo, bienvenidos son.

  4. Jairo
    Oct 22, 2017 at 12:50 pm

    Comentario en Twitter de John Bohórquez‏ @Johnbo100 :

    De cuenta de los pacientes que compraron Vioxx, los médicos fuimos invitados a comer a los más lujosos restaurantes de la ciudad.

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